jueves, 14 de agosto de 2014
miércoles, 13 de agosto de 2014
jueves, 7 de agosto de 2014

FELIZ DÍA DEL MARATONISTA!!!!
felíz día del Maratonista a todos aquellos que se han animado a la mítica distancia y a los que corren menores distancias y son felices por el solo hecho de correr!¡ Se festeja en este día conmemorando a Juan Carlos Zavala que ganó el oro olímpico en Los Angeles 1932 y a Delfo Cabrera en Londres 1948
miércoles, 6 de agosto de 2014
Luis Perez: Correr hasta que den las piernas
Personaje entrañable del running, Luis Perez sigue subiendo montañas y sumando kilómetros sobre sus alpargata
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Luis Perez es, a menos que alguien pueda refutarlo, el primer ultramaratonista en alpargatas.“Siempre blancas, por elegancia”, agrega sonriente, mientras convida un mate en el living/comedor/cocina de su casa, en San Miguel del Monte. En el horno, se cocinan algunos de los panes que saldrá a vender un par de horas más tarde, montado en su bici playera.
La venta de pan es el segundo trabajo de Luis, que por las mañanas barre las calles del pueblo, y pueblos vecinos. Además, suele correr al menos dos horas por día. Esta vez está descansando, viene de salir tercero en una ultramaratón de cincuenta kilómetros en La Plata y, por eso, se ganó un voucher para correr la segunda fecha de esta serie de carreras. Serán cien kilómetros. La tercera fecha: veinticuatro horas corriendo.
- La cuarta ya ni quise preguntar… Pero bueno, ya estamos, así que vamos a ir palo a palo – cuenta Luis y vuelve a reír.
Casi un mito entre los corredores de aventura, empezó a correr con alpargatas por culpa de un accidente: pisó una brasa que cayó del horno de barro en el que hacía pan para vender. La lesión le impedía usar zapatillas, y tenía una carrera en dos semanas. Vio un par de alpargatas viejas, con un agujero en la punta, y se las calzó, para probar.
- Mi mujer, Diana, me decía: “Estás loco, se te van a cagar de risa”. Pero a mí no me importó, salí y me sentí una gacela.
Acostumbrado a correr pisando con la parte delantera del pie, aunque usara zapatillas, Luis se sintió más cómodo con las alpargatas, ideales para su técnica. Hasta ahora, no sufrió ninguna lesión por culpa del calzado.
Con las “alpargauchas”, como él las llama, entrena todos los días por Monte, donde nació y vivió toda su vida – “y me pienso morir acá”, agrega. Sabe que desde un poste que queda cerca de su casa hasta la laguna, hay un kilómetro de distancia. La vuelta chica a la laguna tiene poco más de diez kilómetros y medio. La vuelta larga, un kilómetro más. Conociendo eso, va armando su plan de entrenamiento. No tiene GPS ni usa aplicaciones móviles. Sólo lleva un reloj con pulsómetro que se ganó en un sorteo, y del que nunca usa la función de pulsómetro.
Una tarde, sentado frente a la computadora que Diana le compró para que pudiera conectarse con gente del running y enterarse de las distintas carreras, Luis vio que Guillermo Uboldi, un corredor fueguino, buscaba un compañero para hacer El cruce de Los Andes.
- Buscaba un corredor de menos de cuarenta años, pero le escribí igual. Le dije “tengo más de cuarenta, corro con alpargatas y estoy muy bien entrenado”. Y al día siguiente me contestó que sí, que me eligió para ser su compañero.
La enorme felicidad que le dio la idea de cruzar la cordillera corriendo se le esfumó cuando vio el costo de la inscripción de la carrera. Le escribió a su nuevo compañero para avisarle que no iba a poder juntar el dinero, que buscara a otro. Pero Guillermo insistió en que hiciera todo lo posible y le dijo que lo iba a esperar.
Ya resignado a que la posibilidad quedara trunca, Luis le contó la situación a un conocido que trabajaba en la municipalidad y, además, tenía un programa en el canal de televisión local. Lo invitaron a ir al canal esa misma noche. Luis contó su historia y dejó su teléfono, por las dudas.
- Empezaron a llamar y mandar un montón de mensajes. La gente me pagó el viaje. Gente de la calle, albañiles, todo. Me daban de a cien, doscientos pesos, me paraban en la calle y yo les preguntaba el nombre para anotarlos y que todos sepan quiénes me ayudaron e hicieron El cruce conmigo, de alguna manera. Una vez, vino un tipo y me dio diez pesos. ¡Un tipo que ganaba treinta pesos por día! Esos diez pesos valían mucho más que un cheque de la municipalidad.
Decidido a responder de la mejor manera a toda esa ayuda, y a la confianza de quien lo eligió como compañero, Luis se preparó como para ir a la guerra: Corrió por la ruta y el campo, saltó alambrados, cruzó la Laguna de Monte con el agua por encima de las rodillas, cargando siempre la mochila de hidratación que se ganó en otra carrera. Y así, con cientos de kilómetros cargados en las piernas y en las alpargatas, Luis fue hasta Los Andes y los cruzó.
- Cuando faltaban tres kilómetros para llegar en la última etapa, vi un cartel que decía “Bienvenido a la República Argentina”. Ahí me largué a llorar, estaba emocionado por ser el primero en cruzar la cordillera en alpargatas. Pensaba en todos los que me ayudaron, y en mi mujer, que siempre me apoya y se sacrifica más que yo. Yo sólo pongo el cuerpo.
El cuerpo, Luis lo ponía antes para correr junto al camión recolector de residuos de la municipalidad. Mientras trabajaba, entrenaba. Pero hubo un cambio de encargado, y al nuevo jefe no le agradaba que Luis corriera por delante del camión. Lo cambió de área y Luis bromeó al respecto en Facebook: “Me sacaron del camión porque no tengo chispa para correr”, publicó, y la gente se puso de su lado. Su jefe se enojó, y lo volvieron a trasladar.
- Me castigaron mandándome a trabajar al cementerio. Fueron seis meses muy feos. Tenía que enterrar muertos, cambiarlos de lugar si el cajón estaba roto, cosas así. Era espantoso lo que se veía, lo que se olía, todo.
Un amigo, que lo vio ahí cuando fue a enterrar a su madre, le advirtió sobre los peligros que corría su salud al trabajar en ese lugar sin ningún tipo de protección, sin vacunas ni ropa de trabajo adecuada. Por esa época, Diana había enfermado y a Luis lo preocupó la posibilidad de llevar alguna infección a su casa. Exigió el cambio de puesto, y desde ese momento se dedica a barrer las calles.
- Es un trabajo piola, lo hago hasta el mediodía y a veces hay algún plus de cien pesos por limpiar una plaza un fin de semana o feriado.
A Diana se le complicó un problema en el hígado y derivó en una cirrosis. A veces mejora, a veces empeora. El trasplante es siempre una posibilidad cercana. Cada dos semanas, ella y Luis viajan una hora y media en colectivo hasta La Plata para ver al médico, que les da una orden para algún estudio. El estudio es un nuevo viaje, que deriva en otro más para buscar los resultados y mostrárselos al médico. Casados desde hace veinticuatro años, tienen esta rutina desde hace tres.
La familia de Luis y Diana se completa con catorce hijos: Diez de cuatro patas y hocico, y cuatro humanos, Pipo, Carlitos, Carolina y Zaira. De todos, el único que corre con Luis es Flash, que evade los controles y los retos, y se las arregla para acompañar en cada entrenamiento.
A Luis no le sobran muchas cosas, pero sí energía y agradecimiento. Apenas vio la oportunidad de poner el cuerpo para devolver algo de todo lo que recibió, no dudó: En abril de 2013 se inundó la ciudad de La Plata y él decidió recorrer los cien kilómetros que separan esa ciudad de San Miguel del Monte para recaudar donaciones.
Luis va a las carreras a competir. Él disfruta de los paisajes antes y después de correr. Durante la carrera, no mira para los costados, no se distrae, él quiere mejorar y llegar lo más rápido posible. Pero, más allá de la competencia, encontró un ambiente que lo sorprendió. El running de montaña es caro, implica inscripciones costosas, traslados, hospedajes, entre otros gastos. El poder adquisitivo de los participantes está muy por encima del suyo.
- Yo al principio pensé que no me iban a dar bola, que iban a decir “a este croto, ¿para qué lo queremos?”. Pero fue al contrario: cuando vieron al loco de alpargatas, vinieron todos a conversar, se interesaron por mí. Y yo les contaba mi historia. Yo soy un laburante, no tengo plata, pero a mí me gusta correr.
- ¿Qué es lo más lindo de correr?
- El estado físico. El premio mío, el gran trofeo, son los amigos que coseché y cosecho día a día, y el estado físico. Tengo cincuenta años y puedo hacer lo que quiera, cuando otros no se pueden ni levantar a la mañana para salir a trabajar.
- ¿Hasta qué edad pensás seguir haciéndolo?
- Hasta que me den las piernas. Mientras pueda pagar una inscripción, voy a seguir corriendo carreras. Y si un día no puedo, voy a seguir corriendo por acá, por la laguna y el campo.
domingo, 3 de agosto de 2014
domingo, 27 de julio de 2014
sábado, 19 de julio de 2014
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